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INTERVENCION EN CRISIS

La intervención en crisis implica el uso a corto plazo de habilidades y estrategias específicas para ayudar a las personas que sufren algún tipo de crisis a superar la confusión que provocan las situaciones o sucesos de emergencia.
Es una relación de ayuda diferente al modelo conocido. Sin embargo requiere el mismo tipo de habilidades de comunicación para establecer la relación y definir el problema y puede recurrir a estrategias de resolución de problemas.
Que es crisis?
Es un estado que aparece cuando se rompe por completo el equilibrio emocional de una persona a causa de un acontecimiento inesperado y potencialmente peligroso o una transición vital difícil.
Las crisis no suelen ser predecibles ni esperadas, y es el hecho de que son inesperadas lo que intensifica las reacciones que provocan.
Términos que suelen emplearse para describir los resultados de una crisis:

Las respuestas mas comunes que se presentan a la crisis son: La crisis ocurre cuando las formas que ha tenido hasta entonces la persona para resolver sus problemas ya no le funcionan.
Tipos de crisis:
Disposicionales: como consecuencia de la falta de información (frente a elección de carrera, frente a que pareja optar, etc.
Transiciones vitales anticipadas: asociadas al desarrollo. Cambio de trabajo en edad avanzada, matrimonio, paternidad, cambio de escuela, diagnóstico de enfermedad, etc.
Estrés traumático: generalmente el resultado de situaciones estresantes de origen externo. Violaciones, agresiones, muerte repentina de un ser querido, accidentes, guerras.
Madurativas/del desarrollo: relacionadas con el ciclo vital, reflejan temas que tengan que ver con conflictos de valores, de identidad sexual, incapacidad ante relaciones, ante la autoridad, etc.
Psicopatológicas: emocionales precipitadas por psicopatologías preexistentes.
Emergencias psiquiátricas: la persona no puede responder por sí misma. Corre peligro su vida o la de los demás.
O sea, dos grandes grupos al clasificarlas: propias del desarrollo (tienen que ver con el crecimiento y la superación de diversas etapas vitales) y situacionales, resultado de situaciones estresantes de origen interno o externo.

Clr. Cecilia Scabini

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COMPETENCIA CLAVE PARA EL APRENDIZAJE PERMANENTE

La palabra competencia nos remite a la idea de capacidad. Se usa de distintas formas en distintos ámbitos sociales, pero siempre hace referencia a una posibilidad.
Tanto albergue el sentido de contienda o rivalidad (como en las competencias deportivas, o en el mercado económico en cuanto a la competencia de precios, entre empresas, etc), como con un sentido de habilidad, destreza, incumbencia o poder (habilidad frente a una tarea, destreza deportiva, atribución o poder para tomar alguna decisión), siempre estamos frente a la capacidad para realizar algo. Aunque, como expresado, capacidad es posibilidad, en el sentido de poder hacer, al hablar de competencia es un poder hacer real, no solo posible; cuando hablamos de competencia, hacemos referencia a la capacidad de poner en marcha los conocimientos adquiridos, integrados a nuestros rasgos de personalidad, permitiendo así enfrentar de forma particular distintas situaciones.
Cuando hablamos de competencia clave, hablamos de aquella que podríamos considerar esencial; aunque en el caso que nos ocupa, para el aprendizaje permanente, en lo personal le asigno dos características de esencialidad al concepto. La que nos remite a la palabra “clave”, y lo esencial que resulta incorporar el concepto de aprendizaje permanente en las prácticas educativas. Esencial dado que la capacidad de aprender en todo momento o lugar, la que permite al individuo ver y comprender las distintas oportunidades y desafíos que se le plantean, es la herramienta que posibilita la adaptación al cambio en un mundo globalizado y en constante desarrollo como el nuestro.

Competencias Claves

La competencia siempre me presenta y define frente a un otro, por lo cual una competencia será clave o no, en un contexto determinado.
En las sociedades actuales del conocimiento, se proponen como claves un grupo de ocho competencias. Y me refiero a un grupo porque si bien son individuales, se entrelazan entre sí y comparten características o aspectos esenciales para el desarrollo de cada una de ellas. Es necesario contar con pensamiento crítico, creatividad, tener iniciativa, una actitud resolutiva y evaluativa frente a los problemas y los desafíos, animarse a la toma de riesgos y capacidad reflexiva frente a los sentimientos, al momento de desarrollarlas.
Promover el desarrollo del aprendizaje permanente es una herramienta ineludible en el mundo actual. Desde mi humilde lugar, consultando acerca de las distintas gestiones en este sentido que se realizan en América Latina y Argentina, puedo ver varios desarrollos al respecto, mucho en relación a estudios y no tanto en relación a proyectos concretizados en cuanto a educación básica; percibo mayor foco en la elaboración de perfiles ocupacionales y el diseño de programas de formación. Varios programas en los distintos países de la región avalan este impulso, a modo de ejemplo cito el programa FORMUJER en Argentina, Bolivia y Costa Rica, que demostró cómo es factible fortalecer las posibilidades de consecución y preservación del empleo fortaleciendo las habilidades básicas de las personas. Desde mi trabajo profesional, tengo una mirada positiva frente a la posibilidad de cambio del ser humano, por ende, de las sociedades. Pero ese carácter positivo pretende no estar impregnado de ingenuidad, por lo cual me pregunto, con una mezcla de frustración y esperanza, el porqué de prácticas educativas y planes curriculares actuales que no operan en ese sentido. Compruebo que hay mucha conciencia acerca de la necesidad del cambio educativo, en el cual se fomente el desarrollo de las competencias clave. Hay investigación, hay teorías, hay formación, hay proyectos, pero en las prácticas cotidianas y específicas no aprecio lo mismo, en las mismas instituciones que lo proponen.
Sin duda el cambio ya empezó y justamente desde la toma de conciencia promovida y desde el desarrollo de investigaciones y promoción de las mismas en torno al tema que nos ocupa.
Mi opinión se funda en la pequeña parte de la sociedad que puedo observar, por lo cual la emito respetuosamente, no como una sentencia sino desde un lugar abierto a la posibilidad de modificarse; tanto en función de mi formación, que me permita ver las cosas de otro modo, como en función del momento de transición y cambio que siento estamos experimentando como sociedad.

La sociedad, me espera social

Desde el valor que merecen todas las competencias que propician el desarrollo del aprendizaje permanente, deseo aproximar mi mirada al desarrollo de las competencias sociales y cívicas.
La competencia social incluye dimensiones cognitivas y afectivas que se traducen en conductas congruentes valoradas por la sociedad.
Si bien hay muchas definiciones de la palabra “competencia”, todas comparten la relación del saber con el hacer y el actuar, y en este sentido, considero que es a partir de este desarrollo congruente de la persona que se pueden llevar a cabo los planes de acción que se pretenden desde las instituciones y los desarrollos de investigación educativa, dado que estos comportamientos tienen como ejes de su promoción, la adaptación, la percepción, la autoeficacia y la aceptación de los otros. Así, esta competencia está ligada a la cultura social y por ende al comportamiento cívico del sujeto, dado que una persona va a considerarse socialmente competente en función de la sociedad a la que pertenece.
En las sociedades globalizadas como la nuestra, se vive un multiculturalismo dado por las inmigraciones, las cuales se sustentan en las búsquedas de mejores condiciones de vida, en las fusiones de empresas internacionales, en las búsquedas de capacitaciones o formaciones específicas, entre otros motivos. Esto provoca que en el aula se fusionen distintas culturas formativas de distintos grupos sociales, por lo cual los educadores deben tener en cuenta el formarse para comprender y acompañar el desarrollo de las personalidades de sus educandos, el cual se va a gestar en una sociedad nueva y más inclusiva.
De acuerdo con la concepción biopsicosocial del hombre, la competencia social puede considerarse un factor indicador de salud mental, base de las sociedades desarrolladas.
Toda competencia también, tiene como rasgo central relacionar lo individual con lo grupal, con el contexto; así la competencia social está relacionada con el bienestar personal y colectivo; permitiendo entender su circularidad, sabiendo que la procura de la salud física y mental propia y del entorno genera el desarrollo.
Para ello deben desarrollarse capacidades como la comunicación constructiva, la tolerancia, la autoestima y la empatía; habilidades sociales que son constitutivas (y no sinónimo) de la competencia social. Esta última refleja también la comprensión de los códigos de conducta socialmente aceptados, la no discriminación, la diversidad de valores, el respeto y el compromiso social. De toda esta interacción, surgirá la habilidad para interactuar de forma eficaz y constructiva en las actividades cívicas, apuntando así al desarrollo de “saberes socialmente productivos, políticamente emancipadores y culturalmente inclusivos”. (Cullen C., 2009- 121)

Motivación en construcción

En las diferentes etapas educativas, conseguir que los estudiantes se impliquen e interesen en la tarea, es un desafío importante. ¿Cuáles acciones podríamos llevar a cabo para mejorar la motivación en nuestros alumnos? Pretendemos desarrollar una competencia social que debe incluir un pensamiento crítico para su despliegue; un poder razonar y decidir para el logro de nuestros objetivos. Estas habilidades necesitan estar sustentadas en dos componentes esenciales como son el metaconocimiento (o metacognición) y la motivación La meta más importante de la educación es ayudar a los educandos a saber cómo aprenden, y saber utilizar lo aprendido para construir conocimiento. Los aprendices autorregulados, son capaces de gestionar sus recursos automotivacionales y cognitivos para lograr un aprendizaje exitoso; pues una persona puede saber qué habilidad desplegar para realizar determinada tarea pero no estar motivada para realizarla, así como estar motivada para ello pero no saber cómo hacerlo, por lo tanto ambos componentes son esenciales para el desarrollo de sus competencias.
Prestar atención a las creencias (que los estudiantes tienen acerca de sus posibilidades de éxito), y al valor (la importancia que tiene para el estudiante la realización de esa tarea), son dos aspectos fundamentales en la promoción de la motivación.
Pintrich (2000a; 2000b; 2004) considera que es posible autorregular la motivación, donde se incluyen los intentos de regular tanto creencias motivacionales como emociones a través de una serie de estrategias que ayudan al estudiante a enfrentarse con emociones negativas como el miedo o la ansiedad. Asimismo las emociones que la tarea genera, le asignan valor a la misma.
Las razones que determinan una acción no son solamente motivacionales; podemos actuar desde lo que sabemos hacer, lo que podemos hacer, o lo que debemos hacer. Estas razones pueden estar fuera del sujeto (determinantes externos) o bien como son las creencias y los valores, ser determinantes internos; por ello al analizar la motivación debemos tener en cuenta que es un proceso psicológico no meramente cognitivo sino también afectivo y emocional, y que no sólo concibe en su estructura el concepto de motivo, entendido como deseo, sino también el concepto de meta, entendida como propósito.
El conocimiento metacognitivo se refiere a aquel que tenemos sobre nuestras características personales (cómo aprendemos, cómo pensamos, cuáles son nuestras capacidades cognitivas y cuáles estados o situaciones personales pueden afectar a nuestro rendimiento); el conocimiento de la tarea (los objetivos y aquellas características de la misma que la hacen más o menos dificultosas o interesantes); y de las estrategias que pueden afectar positivamente nuestro rendimiento cognitivo (cómo se aplican y las condiciones bajo las cuales, su utilización resulta más efectiva). Mediante la supervisión obtenemos información acerca de cómo estamos aprendiendo, y mediante la regulación podemos modificar ese estado. Así, los aprendices más competentes pueden planificar las estrategias que consideran más adecuadas para alcanzar las metas propuestas.

Al maestro con cariño

El docente que pretende el desarrollo de la competencia social de sus alumnos, en primer término debe ser capaz de reflexionar acerca de su propia formación. Al reflexionar, tratamos de comprender las representaciones que tenemos, en este caso, acerca de nuestro rol. Reflexionar acerca de nuestros modelos de formación, nos permite comprender cómo funcionamos profesionalmente.
Existe una tendencia normativa profundamente arraigada en la formación docente, donde se concibe al educador como quien imparte los conocimientos para que el alumno interiorice las normas transmitidas por los formadores. Pero hay un segundo modelo con orientación centrada en el que se forma, donde las intervenciones del docente son no directivas; el docente es un facilitador que promueve la reflexión y desde allí el alumno dirige su proceso de aprendizaje.
En un tercer modelo la finalidad es permitir que el sujeto desarrolle las capacidades que van a permitirle el ejercicio de una profesión, por lo tanto apunta al desarrollo desde una concepción social de la persona. En este sentido el proceso está fundamentado no tanto en el saber, sino en el saber hacer, promoviendo así el desarrollo de la competencia.
Entonces mientras el primer modelo centra la función educativa en el maestro, el segundo la centra en el alumno y el tercero en la relación entre ambos.
Entre los alumnos y el formador hay interacciones entre distintas personalidades, y ellas, las interacciones, son responsables de la manera en la que se instalan los procesos de formación. El poder reconocer la intersubjetividad que implica la tarea educativa, así como la capacidad reflexiva del docente sobre lo que pasa en sí mismo a partir de esta interacción, (lo que Filloux llama “el retorno sobre sí mismo”), permitirá promover la capacidad reflexiva en los alumnos.
(Filloux, J.C., 1995-37): no puedo tomar conciencia de lo que soy si no es por intermedio de lo que el otro me devuelve de mí.
La formación docente debe implicar el análisis de lo subjetivo. De este modo el punto de partida de la formación docente es la propia experiencia. La identidad profesional es el resultado de un proceso biográfico y social, apoyado en el poder de la capacidad narrativa que tenemos las personas, donde aparece un yo impregnado de significados y desde allí gestiona los nuevos, la reflexión sobre la práctica misma. Reflexión que no surge de manera espontánea, sino que hay que provocarla desde un lugar de continuidad y sistematicidad, es decir de realización frecuente para promover una mirada profunda hacia los propios aspectos cognitivos, emocionales, comportamentales, la propia historia de vida y las relaciones con los demás.
La reflexión que provoca el docente en sus alumnos, debe tener en cuenta que la misma será guiada por las ideas previas que tenga el sujeto respecto al cambio conceptual sobre el que se ejerce la reflexión.
Una gran cantidad de representaciones sobre nociones básicas apenas cambian a pesar de la instrucción recibida, ya que cada alumno reconstruye los significados y reorganiza sus sistemas conceptuales según sus propios saberes previos. Estos se caracterizan por ser de dominio específico, difíciles de identificar por formar parte del conocimiento implícito del sujeto, ser construcciones personales (si bien adquieren cierta constancia en función de la cultura a la que pertenecen), y estar guiadas por la experiencia de vida de la persona.
El aspecto motivacional se relaciona con que la persona debe reconocer una necesidad que aparece por una insatisfacción con un concepto existente. Son condiciones para que se produzca el cambio conceptual que el sujeto pueda darse cuenta que su concepción respecto a determinado conocimiento ya no es válida y que exista además, una nueva concepción que pueda reconocer como viable.
Así como debemos ser conscientes de la importancia de los saberes previos de los alumnos en la construcción del aprendizaje, también desde nuestro rol, se debe tener presente al momento de la reflexión, la importancia de las prácticas educativas intuitivas aquellas que se basan en la experiencia del docente, en la cotidianeidad del aula, las que la mayoría de las veces se sustentan en la práctica y no en la teoría. Desde la reflexión posibilitaremos revisarlas críticamente a fin de reconocer su valor para la formación y para elaborar mejores propuestas de enseñanza.

Yo – Tú – Nosotros……Recalculando el aula

La empatía es el eje del despliegue de la competencia social. Esta capacidad para ponerse en el lugar del otro, nos permite adentrarnos en la realidad personal de los demás, pudiendo reconocer sus estados anímicos, o comprender sus comportamientos desde las propias creencias y sistemas de valores. Para ello se requiere sensibilidad, destreza perceptiva, apertura y madurez psíquica y emocional, lo cual genera relaciones sociales positivas.
El educador empático tiene una personalidad muy alejada del docente autoritario o dogmático y desde ese lugar es capaz de producir el encuentro dialógico que caracteriza la educación que promueve la comprensión intersubjetiva y el crecimiento personal. Esta contribución positiva al desarrollo psicológico del alumno, favorece el progreso de la competencia social.
En este sentido sería favorable para el desarrollo de la misma, que el docente que pretenda promover el desarrollo de la competencia social, proponga en el aula actividades de role- playing (juegos de roles) que incluyan un espacio posterior de reflexión grupal.
Esta herramienta favorecerá la circularidad de la empatía no sólo entre el docente y los alumnos; también entre los alumnos y entre los roles que ellos representen.
La empatía es una capacidad, en algunas personas más presente que en otras, pero como tal, puede ser aprehendida y fomentada; llevarla a cabo es un compromiso social pero que no permite eludir la propia reflexión personal.
Cecilia Scabini


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El Counseling, una herramienta que nos acompaña en nuestro crecimiento empresarial

Clr. Cecilia Scabini

Mucho se habla hoy sobre Tecnología de Gestión pero en realidad no estamos muy familiarizados con la necesidad de formar líderes en un nuevo contexto social. Los cambios en la historia dados por los avances tecnológicos del hombre, han conllevado expectativas de vida que nos obligan a comenzar a encontrar soluciones a partir de la comprensión social del hombre, por lo cual resulta casi vital para nuestras empresas, comenzar a formar hombres de negocios que hagan foco en la motivación de sus empleados.
Existen tres tipos de motivaciones. Las extrínsecas, son aquellos incentivos externos citando la más reconocida como la remuneración que un empleado percibe por su trabajo.
Las intrínsecas están relacionadas con el bienestar que provoca en la persona la actividad que desarrolla.
También existen las trascendentes, son aquellas que logran la afinidad de valores de las personas con los valores de la organización. Y hacia ellas vamos!!
De las definiciones de liderazgo, me resuena fuertemente una que versa así:
“El líder es un emprendedor que sueña, crea, nuclea, ayuda y forma, para recorrer juntos un camino”
Entonces no puedo menos que pensar que ese líder, alcanzará sus sueños desde las personas que lidera, logrando la integración entre sus objetivos con el desarrollo de las personas que participan en ellos, y esto siempre apoyado en el fin director que es el crecimiento y desarrollo de esa organización. Ese deberá ser entonces el foco de su tarea.
¿Cómo lograr este camino? Apuntamos al desarrollo de las cinco disciplinas de la “organización inteligente”. Peter Senge, en su libro “La quinta disciplina” nos dice: “Es vital que las cinco disciplinas se desarrollen como un conjunto, por eso el pensamiento sistémico es la quinta disciplina. Es la disciplina que integra las demás disciplinas fusionándolas en un cuerpo coherente de teoría y práctica. Al enfatizar cada una de las demás disciplinas, el pensamiento sistémiconos recuerda continuamente que el todo puede superar la suma de las partes.” Y agregaría en lo personal, que para lograr el desarrollo de la quinta disciplina, para poder vivenciar la organización como un sistema, participativa en todos los niveles y configurada según la comprensión común, es necesario comenzar por revisar los modelos mentales de nuestros líderes, aquellos que influyen en forma decisiva sobre nuestro modo de comprender el mundo y actuar en consecuencia. Ellos están profundamente arraigados y a menudo no podemos diferenciar nuestro propio modelo mental, no estamos acostumbrados a pensarlo, simplemente, “somos asi”. Ellos operan en cualquier ámbito de nuestra vida, condicionan nuestras percepciones y éstas a su vez, definen nuestras acciones. ¿ Tiene algo de malo entonces tener un modelo mental y actuar a partir de él? De ninguna manera. Es imposible no tenerlos y son muy beneficiosos ya que no podríamos estar preguntándonos acerca de lo correcto o no de cada paso que tengamos que encarar. Pero los modelos mentales, (como nos muestra L. Wolk en su libro “Coaching, el arte de soplar brasas”), pueden también ser generativos, es decir, aquellos que nos ayudan a integrar otros modos, que nos permiten sobre todo cuestionarnos los dogmas, aquellos que nos indican que las cosas deben hacerse de una determinada manera.
Para esto necesitamos imaginación.
Durante mucho tiempo se creyó que existía una clara división entre las mentes científicas, lógicas y analíticas por un lado, y las mentes artísticas, intuitivas e imaginativas por otro. Así fuimos creciendo en sistemas cerrados de pensamiento, y así se construyó la identidad de las personas, limitando su posibilidad de cambio y transformación.
Combinando actividades, razonamientos, nociones del pensamiento lógico y del creativo, arribamos a modelos mentales que son capaces de unir la imaginación con la acción. Y este proceso inevitablemente conllevará contextos de aprendizaje, promoviendo no solo el dominio personalal que tuvo que hacer frente aquel valiente líder que pudo cuestionarse sus modelos mentales, sino también un aprendizaje en equipo que se fue dando en este proceso de cambio.
Transformando al observador abriremos posibilidades para encontrar respuestas donde antes no las había, y esto es el aprendizaje organizacional.
A través de las acciones la organización se expresa, por eso los nuevos líderes deberán capacitarse para generar contextos que posibiliten la transformación del tipo de observador que son los miembros que componen la empresa, de modo tal de transformar acciones individuales en acción organizacional.
Ahora bien, ¿qué herramienta interna debería cultivar un líder que desee generar este cambio de enfoque, en él y en sus colaboradores?
La inteligencia emocional, término del que mucho se habla hoy en día pero que fue desarrollado en profundidad por el Dr. Daniel Goleman, es la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los ajenos, de motivarnos y manejar nuestras emociones.
Estamos acostumbrados al desarrollo y la valoración de la inteligencia académica, pero olvidamos que cada una de estas inteligencias manifiesta una parte distinta del cerebro, y que por lo tanto, no estaremos aprovechando el máximo de nuestro potencial, mientras no apuntemos a la combinación de los centros emocionales trabajando en común acuerdo con los intelectuales.
Mientras pueda promover en un líder las aptitudes básicas de la inteligencia emocional (conocimiento de uno mismo, autorregulación en el manejo de las emociones, motivaciones que orienten hacia los objetivos, empatía para poder ponerse en el lugar del otro y habilidades sociales al servicio de la negociación y del trabajo en equipo) podré construir una visión compartida, disciplina que percibe y utiliza el potencial creativo oculto en la mayor parte de su gente, propiciando así un compromiso genuino más que un mero acatamiento.
He aquí entonces la articulación plena y factible de las cinco disciplinas que P. Senge nos ha mostrado como camino a la realización empresarial.
El Counseling implica la prevención, el cambio, la resolución de conflictos y el desarrollo personal.
El Counseling Organizacional actúa en el ámbito de la empresa para favorecer el funcionamiento del factor humano y acompañar a los miembros de una organización en el encuentro de recursos propios para el desarrollo de sus habilidades. Brinda un proceso de facilitación para clarificar situaciones y metas, respetando la decisión autónoma de quien consulta, y promoviendo desde un marco actitudinal y técnico para el que está destinado, los cambios a los que desee arribar una organización que aprende de sí misma.
Puede trabajar en el área de Recursos Humanos, en Relaciones Institucionales y Públicas, como asesor externo, orientando en los aspectos humanos y relacionales de las organizaciones. Su objetivo es optimizar recursos para mejorar la estrategia de comportamiento de los directivos, el desempeño de personal en sus tareas, el clima y las condiciones de trabajo, la selección del personal, la comunicación y los vínculos inter e intra sectoriales.
Las relaciones humanas son la clave del éxito en las empresas. Una organización que desde la selección de su factor humano toma en cuenta no sólo las habilidades técnicas y conceptuales, sino también las humanas y creativas, podrá contar con colaboradores que sean más productivos y se comuniquen mejor con los clientes y entre sí. En estas organizaciones suele haber menos conflictos, menos errores en la producción o la calidad de los servicios, menos ausentismo, menos cantidad de accidentes de trabajo, menos rotación de personal, mayor compromiso por la calidad y mayor espíritu de equipo.
En el contexto social actual, con economías globalizadas, apoyados en la era de la información, estamos enfrentados constantemente a la competencia de organizaciones más complejas, por lo cual, mantenernos atentos al progreso de nuestras relaciones humanas es un factor fundamental para lograr los objetivos empresariales hacia los que se conducen nuestras acciones.
El counseling te acompaña a encontrar y transitar nuevos caminos. O a recorrer los transitados, con una mirada transformadora. Y hacia allá vamos!!

Clr. Cecilia Scabini – Congreso Optima 2012



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FOCUSING

“…Darse permiso para que todas las cosas no estén claras…”

Acercarse a la apertura necesaria, a la inevitable conexión con nuestra experiencia interna para llegar a percibir esas sensaciones, vagas, sin nombre al principio, que no podemos enmarcarlas en nada conocido, en ningún concepto previo, y que son la puerta de entrada a la experiencia más profunda que nos genera una situación, un hecho, una persona, una emoción. Que se siente en el cuerpo, pero solo la podemos reconocer al conectarnos con ella.
Como filósofo, Gendlin estaba estudiando la relación entre la experiencia y los conceptos. Siguiendo la obra de Wilhelm Dilthey (experiencia es un proceso y una vivencia), Ortega y Gasset y Heidegger, Gendlin llega a la conclusión que el experienciar trasciende a los conceptos. En realidad los genera. La experiencia siempre se moverá mas allá de cualquier concepto existente, de modo que lo recrea, lo reformula. Sabía que no existe ningún experienciar sin al menos una simbolización implícita. Y al prestar atención directamente a nuestro experienciar, este es en sí mismo una simbolización que va más allá. Hace surgir un “esto” que antes no estaba. Con este poder ir más allá en la experiencia surge la Escala Experiencial dando lugar al Focusing y a descubrir que la terapia puede ser más efectiva cuando los clientes prestan atención a su sensación corporal.
Gendlin llamó “Acto interno” al proceso que se da en una persona para llegar a ese experienciar profundo. Y llamó “Sensación sentida” a esa experiencia vaga, difícil de describir que se presenta en el cuerpo. Ella tiene la doble cualidad de presentarse en el cuerpo y estar relacionada con algo que ocurre en nuestra vida.
Esta conexión, esta posibilidad de lograrlo, es una habilidad genuina de cada ser humano. La cual está más facilitada o entorpecida según el uso que vengamos haciendo de ella. Según lo acostumbrados que estemos a depositar confianza en nuestros cuerpos y en nuestras sensaciones.
Focusing es un proceso de concientización y sanación emocional orientado al cuerpo. Una forma de escucharlo sin preconceptos ni juzgamientos ni defensas. Algunas personas no necesitan detenerse en el aprendizaje o la incorporación de pasos para lograrlo. Para esas personas no hay técnica de por medio. Otros, menos en contacto con sus sensaciones corporales, con más barreras levantadas entre ellas y su capacidad de aceptarlas y permanecer con ellas escuchándolas, pueden llegar a establecer esta relación mediante un proceso detallado de pasos para estar presentes en un proceso de Focusing. Pero es importante destacar que Focusing, la posibilidad de encontrarnos con nuestras sensaciones profundas, es un derecho humano, que se nos dio de origen. Por lo tanto, no hablamos de una técnica, entendiendo por la misma una incorporación de habilidades aprendidas, externas a nosotros mismos hasta que las incorporemos.
Para Gendlin el cuerpo es un receptáculo del registro permanente de nuestras experiencias. Todo el tiempo está registrando lo que nos ocurre. Todo el tiempo impactan en él, nuestras experiencias de vida. Y existe una relación permanente entre aquella parte de la experiencia que sabemos lo que es, que podemos nombrar, que reconocemos con un sentimiento (lo explícito) y aquello que nos produce una experiencia que aún no está formado, no tiene nombre, es vago o no está aún simbolizado en nuestra conciencia (lo implícito). Integrando estos dos aspectos de la experiencia logramos la completud de nuestro ser sano.

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